La retirada desde Monte de las Cruces
Aculco solo se entiende a partir de la vacilación anterior. Después de no entrar a la capital, Hidalgo inició una retirada que desmoralizó a muchos y abrió una grieta entre la energía popular del movimiento y la claridad de su conducción. La marea seguía siendo enorme, pero ahora se desplazaba sin el impulso político de los días anteriores. El tiempo que se perdió frente a la Ciudad de México se convirtió, muy pronto, en ventaja para Calleja.