La insurgencia busca un nuevo centro
Después de la derrota en Aculco, el movimiento no podía sobrevivir solo con el recuerdo del entusiasmo inicial. Necesitaba un espacio desde donde gobernar, reorganizar tropas, emitir órdenes y sostener políticamente la rebelión. Guadalajara ofreció precisamente eso: un refugio amplio en el occidente de la Nueva España, lejos de la capital y capaz de convertirse en laboratorio de un poder insurgente todavía frágil, pero mucho más ambicioso que el de septiembre.