Introducción
En esta investigación haré uso de las actas notariales traducidas en Medieval Notaries and Their Acts: The 1327–1328 Register of Jean Holanie 1 para explorar la complejidad de relaciones mercantiles de la comuna de Montpellier al inicio del siglo XIV. Analizaré actas notariales de diversa índole financiera como contratos comerciales (comandas) y reconocimientos de deudas para responder: ¿de qué manera las prácticas notariales influían en la vida cotidiana y en la administración de justicia? La resolución de esta primera cuestión me posibilitará responder preguntas más complejas como: ¿Por qué los ciudadanos acudían con los notarios públicos ? ¿De qué manera se garantizaban los intereses de las partes firmantes?
Estudiar las actas notariales de Montpellier en el siglo XIV ofrece una posibilidad única para comprender el complejo entramado de relaciones económicas que se entrelazaban con las prácticas jurídicas de la comuna mediterránea. Considero que analizar las actas de Jean Holanie nos permite comprender profundamente las interacciones entre los mecanismos comerciales y la resolución de conflictos de una de las ciudades más particulares e importantes de la Edad Media. Iniciaré el trabajo proveyendo un breve contexto de la vida económica y comercial, también introduciré nociones muy básicas del derecho languedociano como punto de partida para explicar que era un notario medieval y lo que sabemos del registro notarial de Jean Holanie.
A lo largo siglo XIII la comuna de Montpellier entró plenamente a la era comercial (también conocida como revolución comercial) y se desarrolló como un importante nodo comercial en el sur del reino de Francia. 2 Situada en la costa del mar Mediterráneo y con el puerto de Lattes funcionando a una capacidad similar al del Marseilles la ciudad tenía una importancia internacional considerable por los bienes que se exportaban a Siria, el norte de África, Cataluña y otras urbes comerciales como las de la península itálica. 3 La importancia comercial de la ciudad era tal que mantenía tratados comerciales directamente negociados con Genoa, Pisa, Marseilles y Nicea; los comerciantes de la ciudad recibían beneficios por personajes muy importantes como Bohemundo V de Antioquia y acomodaciones especiales como los cuartos especialmente designados para comerciantes franceses en Bizancio. 4 Se estima que entre 1204 cuando se estableció el consulado de la ciudad y 1348 cuando llegó la primera oleada de la peste negra la población creció de los 15 000 habitantes a los 35-40 000. El desarrollo económico de la ciudad estuvo acompañado simultáneamente de una complejización de la jurisprudencia.
El derecho de la comuna Montpellier era producto de la revolución legal y el crecimiento de actividad comercial del siglo XIII y era una combinación de ley romana justiniana, derecho romano pre -Justiniano, derecho consuetudinario germánico e inventado por las necesidades prácticas de la región. En Languedoc la tradición jurídica estaba altamente sofisticada a principios del siglo XIII y con la integración del ducado a la propiedad del rey, el procedimiento de las cortes de justicia solo se volvió más complejo bajo la dinastía Capeto. El droit écrit era parte integral de los procedimientos legales en la región y los norteños, aunque conocían del derecho romano, no tenían la misma maestría que los oriundos de Occitania. En este sentido, la jurisdicción del rey en sus nuevos territorios, como la ciudad de Montpellier, no estaba definido en lo absoluto y numerosas batallas legales se lucharon para definir y justificar las demandas de los reyes franceses. Para el siglo XIV la administración real había reconocido el valor del derecho romano del sur y estudiar la materia era prácticamente un prerrequisito para aspirar a un puesto administrativo en el sur.
Aunque la ley del sur era consuetudinaria, y tras siglos de cambios el derecho romano apenas podía reconocerse como tal, los procedimientos del derecho civil del siglo XIII demostraron que la mezcla de ambos derechos era la norma e impulsado activamente por los Capeto. El notario y el registro de Johannes Holanie Durante el reinado de Otón I del Sacro Imperio Romano Germánico las primeras reformas a la profesión del notario se llevaron a cabo debido a una disputa de la jurisdicción que tenían los notarios en asuntos religiosos y laicos. Los notarios medievales fueron clérigos desde sus primeros registros has el siglo XV cuando se secularizó la profesión. En Francia fue en el reinado de Luis IX en 1270 que nació el notariado moderno cuando nombró a sesenta notarios reales para Paris. Los posteriores reyes Capeto continuaron con el desarrollo de la tecnología notarial y Felipe IV de 1302, consolidó, reguló y confirmó los privilegios de los notarios parisinos estableciendo sus responsabilidades claramente cuando fijó el Parlamento de París. Sus descendientes continuaron confirmando sus derechos a lo largo del siglo XIV. Esto demuestra que bajo Felipe IV se promovió la centralización de la burocracia y se creó un nuevo nacionalismo en Francia que apuntaba a un marco legal común para manejar la reciente producción de documentos estatales.
Felipe V en 1319 definió la diferencia entre notarios como oficiales gubernamentales y los tabelliones como oficiales de centros gubernamentales, de jurisdicción o parlamentarios. Como he argumentado anteriormente, el registro de documentos se volvió esencial en el complejo mundo económico del comercio y las finanzas. En este sentido el cargo de notario surgió por la necesidad de tomar notas rápidas, registrar precisamente transacciones económicas, almacenador de archivos, representante legal y facilitador del intercambio de información.
En el sur de Europa la cultura notarial era extensa durante la Edad Media debido a que los notarios como funcionarios públicos y particulares registraban contratos de suma importancia para los ciudadanos (por ejemplo: comercio, finanzas, familia, matrimonios, herencias, bienes raíces, etc.) El notario para los ciudadanos urbanos y rurales era un aliado ya que positivaba las nuevas obligaciones financieras, los cambios de posesión de una propiedad, sus ultimas voluntades y los contratos entre familias; tal vez esto no habría llamado necesariamente de la población medieval si no fuera porque la figura del notario tenia la suficiente autoridad legal para testificar ante las cortes de justicia de los documentos que redactaban, tal era su peso que podía testificar sin ninguna de las partes presente por lo que sus documentos eran prueba fidedigna de un acuerdo. El desarrollo histórico del notariado fue compartido por otros territorios mediterráneos que compartían el legado romano escrito. Por ejemplo, el código Justiniano escrito en el siglo VI d. C. ya describía las funciones del notarius que eran: registrar los dictados de privados y oficiales en cuadernos. En el códice aparecen otros dos cargos que trabajaban continuamente con el notarius, el tabelio que elaboraba los documentos oficiales a partir de sus notas y el tabularius que registraba deudas a la tesorería romana.
Ya en la Edad Media, la practica notarial se remontó en el siglo XI en la península italiana con el resurgimiento del estudio del derecho romano combinando los tres anteriores cargos en uno solo: el notario medieval del sur de Europa. El uso de la tecnología del notario se esparció rápidamente a lo largo del sur de Europa por el Mediterráneo por el crecimiento de las instituciones burocráticas, la complejidad del comercio internacional y la necesidad de mantener el registro de documentos de las crecientes prácticas comerciales. 12 Como ya comenté anteriormente la urbe de Montpellier estuvo en contacto frecuente y directo con las grandes ciudades italianas que encabezaban la revolución comercial del siglo XII y XIII que fueron pioneras en desarrollos legales e institucionales que rápidamente los ciudadanos de Montpellier adoptarían para si mismos.
Debido a que el ser “notario” era una función más que un cargo establecido distintas autoridades como reyes, nobles, papas, obispos, gobiernos municipales nombraban a sus propios funcionarios notariales para dejar registros documentales que tomaron diversas formas (registros notariales (notarios públicos), estatutos municipales (notarios del municipio local), crónicas, cartularios señoriales y episcopales (notarios de señores y clero.) En Montpellier la profesión del notario público (tabelio en sus inicios) se remonta a mediados del siglo XII cuando el renacimiento del derecho y las instituciones romanas (el consulado de Montpellier) hicieron que la terminología legal romana se volviera de uso común en los documentos locales. Para el inicio del siglo XIV se pueden identificar setenta notarios en un solo año por lo que no es descabellado especular que había muchos más (en las ciudades italianas los números son más altos: Pisa (200 a finales del siglo XIII), Génova (200 en 1303), Florencia (600 entre los años de 1336–38) y Milán (500 en 1288.) Debido a al papel legal que desempeñaban los notarios contaban con un estatus social y económico elevado en sus comunidades debajo de los jueces y abogados.
Su profesión estaba regulada y se exigía que fueran hombres laicos de buena reputación, residentes por varios años en el lugar donde practicaban, que tuvieran una educación paralegal al nivel de la universidad, manejo de distintos idiomas vernáculos o al menos las fórmulas retóricas en latín y que entendieran el funcionamiento básico de las industrias que documentaban así mismo que explicaran a sus clientes de las complejidades legales. En Montpellier la edad requerida eran los treinta años cumplidos y diez años viviendo en la comune.
En cuanto a su lugar de trabajo, operaban en espacios públicos como mercados, esquinas de calles, talleres o se transportaban según la necesidad del cliente (algunos se embarcaban en los viajes de sus patrones, hay registros documentados de notarios sureños en el Cercano Oriente y el norte de Europa; otros eran contratados como notarios personales de comerciantes y familias adineradas.) En Montpellier los notarios tenían diversos títulos y comúnmente eran denominados como “notario real”, “notario público”, o “notario de la corte del alguacil.”18 La clientela de los notarios incluía a una amplia variedad de personas de todas las clases sociales, religiones y sexos (cristianos y judíos, hombres y mujeres, locales y extranjeros), desde los más humildes hasta los más acaudalados y poderosos acudían ante el notario ya que cualquier cliente podía recurrir para asegurar el registro legal de sus acontecimientos importantes. Esto abarcaba desde contratos matrimoniales y testamentos hasta resoluciones de disputas, compras de bienes como tierras, casas, tela, comida y vino, así como acuerdos de aprendizaje, designaciones de procuradores con diferentes mandatos legales, y la planificación y refinanciamiento de deudas, etc.
Los comerciantes, cambistas, especieros, merceros y pañeros formaban parte de la clientela, junto con artesanos y trabajadores como carniceros, panaderos y zapateros, además de trabajadores agrícolas, servidores reales, nobles y clérigos. Actas notariales de Jean Holanie Como he demostrado a lo largo de la investigación Montpellier fue un centro comercial debido a sus conexiones terrestres y marítimas por todo el mar Mediterráneo. A pesar de no ser una ciudad portuaria, la ciudad desempeñaba prácticamente la misma función debido a su cercanía por el puerto de Lattes y Aigues -Mortes. Las influencias por los modelos italianos se adaptaron exitosamente a las necesidades locales para hacer negocios y jugaron un papel crucial en el mantenimiento de la ciudad como un centro comercial y financiero importante. La comuna logró combinar las influencias extranjeras con las prácticas locales para crear una economía dinámica que enfrentaba a los desafíos de la época. Un ejemplo de esto son los contratos de comanda.
El 28 de julio de 1327, en Montpellier, se formalizó un contrato notarial de comanda entre Guillelmus Bocuti, comerciante de Narbona, y Bernardus Assaudi, también comerciante de Narbona actuando en su propio nombre y en el de Thomas Mossani, Bertrandus Assaudi el joven y sus asociados. En este contrato, Bocuti recibió 50 libras tournois (l.p.t.) en tela de lana y lino para invertir y comerciar durante su próximo viaje a Rumania. Bocuti se comprometió a utilizar los fondos para comprar y vender mercancías durante su viaje, tanto por tierra como por mar, y a distribuir las ganancias de la siguiente manera: una cuarta parte para él y los tres cuartos restantes para Assaudi y sus asociados. Al finalizar el viaje, Bocuti debía proporcionar una contabilidad completa de las transacciones y devolver la inversión inicial junto con las tres cuartas partes de las ganancias a Assaudi, sus asociados o un agente autorizado, en el puerto de Aigues-Mortes. Bocuti y Bernardus Franci se constituyeron como deudores principales y fiadores, garantizando el cumplimiento de todas las condiciones del contrato y la devolución de la inversión y las ganancias correspondientes. El contrato fue realizado en presencia de los testigos Raymundus de Piniano, Bernardus de Piniano, Guillelmus Holanie el joven y formalizado por el notario Johannes Holanie.
Las asociaciones comerciales eran un tipo de empresa común en las ciudades mercantiles y desempeñaron un papel crucial en la expansión del comercio y la industria durante la Edad Media. 22 En la comanda del 28 de julio se puede apreciar claramente este aspecto de que Bocuti es pagado para realizar comercio en tierras extranjeras y traer a Montpellier los beneficios. Las comandas eran un tipo de asociación flexible que permitía a los comerciantes participar en empresas comerciales arriesgadas sin comprometer todos sus recursos. En una comanda, un inversor sedentario (comendador) proporcionaba fondos a un socio viajero (comendatario) para que este último realizara un viaje comercial específico.
Pero al incluir más partidos se posibilitó a los comerciantes compartir riesgos, recursos y conocimientos, estas asociaciones facilitaban la realización de viajes comerciales más largos y arriesgados, fomentando así el intercambio de bienes entre diferentes regiones. 23 Es la seguridad que tienen los comerciantes de perder tanto dinero lo que los motiva a financiar la empresa. Los beneficios del viaje por si mismos ya son una apuesta riesgosa para los comerciantes por lo que decidieron recurrir a la formalización de su negocio mediante un contrato notarial para garantizar la legalidad de su asociación comercial y que se respetaran los intereses de las partes involucradas. Contratos de comandas como el Jean Holanie reflejan la movilidad geográfica de los comerciantes montpellerianos por todo el Mediterráneo y la diversidad de actividades económicas como la búsqueda de nuevos mercados (Rumania en este caso), la diversificación de inversiones y la prosperidad en general del comercio y la banca de la ciudad. La economía medieval estaba basada en crédito y los prestamos (conocido como mutum en el derecho romano) estaban generalmente escritos como un reconocimiento de la deuda y debido a la prohibición de la iglesia por la usura iban libres de intereses. 24 En Montpellier, las funciones bancarias reflejaban la sofisticación y adaptabilidad del sistema financiero de la época, por ejemplo, los cambios de divisas. El 31 de julio de 1327, Pontius Salati, comerciante de Lérida, en su propio nombre y en el de su hermano y socio, Petrus Salati, reconoció que debía a Guillelmus Romei y Raymundus Hugonis, factor de Petrus Fabri de Montpellier, la suma de 100 libras de reales de Valencia a cambio de otro dinero bueno. Pontius Salati se comprometió a pagar o hacer que se pague la deuda a través de sus factores en Valencia dentro de un plazo de veinte días.
Además, obligó tanto a sí mismo como a su hermano y socio, y a todas sus propiedades, a garantizar el cumplimiento de este acuerdo. El acto fue formalizado en presencia de testigos, tal como se indicó anteriormente, y se extrajo el instrumento legal correspondiente. El cambio de divisas era esencial para el comercio internacional porque permitió a los comerciantes intercambiar monedas de diferentes regiones en una época con múltiples sistemas monetarios. En este sentido un contrato de intercambio de divisas podía ser repagado en otro lugar permitiendo a los comerciantes no cargar con gran número de monedas y exponerse al peligro de perder su ganancia. Lo que más me llama la atención de este contrato es que Pontius Salati obligó a su hermano y todas sus propiedades como colaterales. Esto me lleva a preguntarme; ¿Cuáles eran los mecanismos para proteger a los prestamistas y asegurar el cumplimiento de las obligaciones de los prestatarios?
Según las consuetudines de 1204 en Montpellier un prestamista en posesión de un pignus (reconocimiento de deudas) tenia el poder de vender los artículos prometidos un año después del vencimiento del pagaré tras informar al deudor y que se negara a pagar. Tres años si lo obligado eran inmuebles. 27 El hermano, Petrus, estaba siendo usado como fidejussor (jurador de juramento), era un socio del deudor que fungía como garante de buena fe y fiador de la deuda. Comprometió su persona y posesiones prometiendo con el deudor la responsabilidad compartida de la deuda. En caso de incumplimiento de parte del deudor, el fidejussor era llamado a responder por la deuda de su bolsillo. El deudor por otro lado vería la posibilidad de sus bienes siendo embargados y vendidos tan solo después de quince días (siempre y cuando el deudor no fuera hombre del Obispo de Maguelonne). Los deudores encarcelados debían ser alimentados con pan y agua hasta que se saldara la deuda. Los mismos prestadores tenían la posibilidad de hacerse cargo del deudor y se lo “entregaban”, los prestamistas no podían dejarlo morir de hambre y si resultaba herido en alguna actividad las cortes dictarían a favor del deudor. Conclusiones Este trabajo de investigación de las actas notariales de Johannes Holanie nos permite entender mejor el complejo mundo económico y jurídico de la ciudad de Montpellier durante el siglo XIV. A través de la revisión de contratos comerciales y reconocimientos de deudas se ha demostrado como la función de los notarios públicos fue esencial para el desarrollo del comercio y a la par el de la administración de justicia ya que se destacó el papel que tenían como facilitadores/intermediarios y garantes de la legalidad de los acuerdos contractuales de una de las ciudades más dinámicas económicamente del sur de Francia.
Las actas notariales no solo sirvieron para positivar las transacciones comerciales complejas, sino que a la vez ofrecían un marco de seguridad y legalidad que protegía los intereses y obligaciones de las partes involucradas. La presencia y labor de los notarios era esencial para la formación y autenticidad de acuerdos ante la jurisprudencia de las comunidades. La figura notarial fomentaba confianza en las relaciones comerciales y financieras por la capacidad que tenían de testificar ante las cortes de la ley y verificar la validez de los documentos. Esto lo convierte en una de las figuras cruciales dentro de la infraestructura económica y legal de los sistemas que los empleaban como agente del desarrollo económico/ comercial y la estabilidad jurídica de la región. De esta manera los notarios no solo documentaban transacciones, sino que también desempeñaban un papel activo en la resolución de conflictos y en la protección de los derechos de los ciudadanos.
El registro de Jean Holanie revela cómo la ciudad de Montpellier, a pesar de no ser un puerto marítimo directo, logró integrarse plenamente en las redes comerciales del Mediterráneo mediante innovaciones legales y económicas. Las prácticas notariales, influenciadas por modelos italianos y adaptadas a las necesidades locales, reflejan la constante sofisticación y necesidad de resolver problemas legales que surgieron día a día por la integración a la revolución comercial y el comercio internacional por el mar Mediterráneo.
En este sentido se demostró que la figura del notario era crucial en el día a día de los habitantes de la ciudad y todo tipo de profesiones acudían ante ellos para confiarles sus empresas ante un mundo jurídico elitista y complicado. Esto apunta a que la confianza que se debía tener al notario era elevada por la constante actualización y atención legal a los asuntos económicos de una ciudad comerciante y habida de hacer negocios como lo era la comuna de Montpellier.
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