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La autoridad del pasado y el juicio del presente

Régimen de historicidad en El siglo de Luis XIV de Voltaire.

Un ensayo sobre autoridad del pasado, presente ilustrado y juicio histórico en la historiografía de Voltaire. PDF original.

La historiografía ilustrada del siglo XVIII tiene una posición ambigua dentro de la historia de la conciencia histórica occidental. Pues durante mucho tiempo fue interpretada como un momento de ruptura total de la tradición clásica y con la antigua concepción de la historia magistra vitae. Aunque, en realidad, una lectura más detenida muestra muchos de los supuestos fundamentales de la tradición magistral continuaron operando de manera distinta (más sutil) en las nuevas formas de historiografía ilustrada. En este sentido, hay una obra particularmente reveladora donde conviven simultáneamente formas heredadas de la historiografía clásica y nuevas maneras de concebir la autoridad del pasado, el juicio histórico y la relación entre experiencia y posteridad. Me refiero a El siglo de Luis XIV de Voltaire.1 En este ensayo me propongo analizar qué régimen de historicidad organiza la escritura de El siglo de Luis XIV. La pregunta no apunta únicamente a lo que Voltaire declara sobre la historia, sino a cómo el texto articula las relaciones entre pasado, presente y futuro en sus propios procedimientos narrativos, criterios de validación y formas de juicio histórico. La propuesta metodológica de François Hartog resulta particularmente útil porque permite observar cómo distintas temporalidades pueden coexistir dentro de una misma escritura

histórica.2 En otras palabras, el objetivo consiste en analizar cómo la transformación de la autoridad histórica dentro de la obra expresa una reorganización más profunda de las relaciones temporales entre experiencia heredada, presente ilustrado y posteridad. Hartog entiende el régimen de historicidad como una forma de articular las categorías temporales de pasado, presente y futuro.3 El concepto describe una manera históricamente determinada de producir autoridad temporal. Por lo tanto, su relevancia metodológica se encuentra en que permite analizar tensiones internas dentro de un texto histórico sin reducirlo a juicios categóricos como “antiguo” o “moderno”. Prueba de esto se encuentra en su capítulo destinado a Chateaubriand, titulado justamente “entre el antiguo y el nuevo régimen de historicidad”, donde Hartog demuestra cómo una misma escritura puede habitar simultáneamente temporalidades distintas sin resolver completamente sus contradicciones.4 Lo anterior es muy útil para analizar la obra de Voltaire porque, en ella, se encuentran persistencias de las estructuras magistrales que conviven con nuevas formas ilustradas de validación histórica. Reinhart Koselleck identificó el siglo XVIII como el momento en que comenzó a debilitarse el antiguo topos de la historia magistra vitae, entendido como la idea de que el pasado funcionaba como maestro del presente gracias a la transferibilidad de la experiencia histórica.5 Sin embargo, el texto de Voltaire no puede entenderse simplemente como abandono de ese modelo. Porque aunque continúa formulando regularidades históricas,

enseñanzas políticas y experiencias transferibles; simultáneamente desplaza la autoridad histórica hacia una nueva instancia crítica: el presente ilustrado. La hipótesis que propongo es que en El siglo de Luis XIV se encuentra un régimen de historicidad caracterizado por la coexistencia conflictiva entre estructuras históricas tradicionales que persisten con nuevas formas ilustradas de legitimación histórica. Aunque el pasado continúa produciendo enseñanzas, ya no posee autoridad automática ni los testimonios históricos gozan de legitimidad inmediata por haber sido escritos. En este sentido, el presente ilustrado se configura como la instancia crítica encargada de seleccionar, corregir y universalizar la experiencia histórica para transmitirla a la posteridad. En este sentido, el problema de la autoridad histórica puede entenderse como una de las formas concretas mediante las cuales se manifiesta una reorganización del régimen de historicidad. La manera en que un texto valida el pasado, jerarquiza testimonios o construye experiencia histórica implica necesariamente una relación específica entre pasado, presente y futuro. Por ello, analizar la transformación de la autoridad histórica en Voltaire permite observar cómo distintas temporalidades coexisten y entran en conflicto dentro de la obra. La historia magistra vitae constituyó durante siglos el fundamento principal de la escritura histórica occidental. Según Koselleck, este topos descansaba en la idea de que las experiencias del pasado podían transferirse al presente porque la naturaleza humana y las estructuras fundamentales de la acción histórica permanecían relativamente constantes. 6 Es decir, la historia enseñaba porque en el futuro se repetían situaciones ya acontecidas y, por lo tanto, conocidas. Esto resulta muy importante porque la experiencia histórica gozó de una

autoridad gigantesca hasta que el tiempo apareció como un proceso de transformación radical. Sin embargo, entre los siglos XVIII y XIX comenzó a abrirse una distancia creciente entre experiencia y expectativa.7 De modo que el futuro dejó de percibirse como la repetición de las exper iencias pasadas y se concibió como un espacio de transformación histórica, el resultado fue que la experiencia perdió su autoridad automática y el tiempo su forma cíclica. Mas importante aún, la legitimidad del pasado comenzó a depender cada vez más de operaciones críticas de selección, interpretación y validación. En este contexto, Voltaire escribe en la primera página de El Siglo de Luis XIV: “No me propongo escribir tan solo la vida de Luis XIV; mi propósito reconoce un objeto más amplio. No trato de pintar para la posteridad las acciones de un solo hombre, sino el espíritu de los hombres en el siglo más ilustrado que haya habido jamás.”8 Este inicio resulta decisivo porque la frase desplaza el objeto de la historia desde el soberano hacia el “espíritu” de un siglo. Esto significa que historia ya no se organiza únicamente alrededor de acontecimientos políticos o biográficos, ahora se trata de una totalidad civilizatoria compuesta por costumbres, artes, ciencias y formas de sociabilidad. La categoría temporal de “siglo” resulta fundamental porque reorganiza la experiencia: el tiempo histórico no es solamente una sucesión cronológica o dinástica, se trata como conjunto de épocas cualitativamente diferenciadas. Algunos siglos concentran mayor perfeccionamiento cultural, intelectual y político que otros.

Esta reorganización temporal es evidente cuando, en el esquema de los cuatro grandes siglos formulado por Voltaire (Grecia bajo Pericles, Roma bajo Augusto, el Renacimiento italiano y la Francia de Luis XIV ), forman una secuencia jerárquica de perfeccionamiento cultural.9 La secuencia construye una jerarquía de perfeccionamiento cultural donde el pasado continúa siendo referencia indispensable, aunque deja de poseer monopolio absoluto sobre la excelencia histórica. El presente puede rivalizar con la Antigüedad e incluso superarla en ciertos aspectos. No significa que Voltaire rompa completamente con la tradición de la historia magistra vitae; el pasado continúa produciendo enseñanzas históricas dentro de su obra. Lo que cambia son las condiciones mediante las cuales esa expe riencia adquiere legitimidad. Evidencia clara de esta reorganización aparece en la forma en que Voltaire construye la autoridad histórica. A lo largo de la obra la narración produce constantemente una posición enunciativa que funciona como instancia de valoración histórica (un tribunal histórico). Esto puede observarse en las fórmulas impersonales que recorren la obra: “se sabe”, “siempre”, “es cierto”, “se vio”, “es cosa notable”. El “on” francés produce un efecto de racionalidad colectiva donde la voz narrativa deja de presentarse como memoria particular o simple opinión individual y adquiere la apariencia de evidencia históricamente validada. 10 La escritura parece hablar desde una posición capaz de situarse por encima de las parcialidades del pasado. Lo significativo de esta operación enunciativa es que la autoridad histórica ya no descansa completamente en la figura del testigo ni en la transmisión inmediata de la memoria. La voz impersonal del relato busca producir una forma de validación que pretende

presentarse como racionalmente universalizable. El narrador ya no habla únicamente desde la experiencia heredada, ahora es desde una posición crítica construida en el presente ilustrado. La reorganización de la autoridad histórica se vuelve todavía más visible en el tratamiento crítico de las fuentes y memorias. A lo largo del texto, Voltaire compara versiones contradictorias, cuestiona exageraciones y relativiza testimonios heredados. La cercanía testimonial ya no garantiza automáticamente la verdad histórica. El pasado continúa siendo indispensable, aunque deja de poseer legitimidad inmediata por el simple hecho de haber sido transmitido. La principal coexistencia conflictiva de la obra aparece precisamente aquí: Voltaire desconfía de los testimonios particulares a la vez que conserva una fuerte confianza en la posibilidad de formular regularidades históricas generales. Son las condiciones mediante las cuales el conocimiento histórico adquiere legitimidad, ese es el problema central. La memoria heredada y el testimonio continúan siendo fundamentales, aunque ahora deben atravesar una operación crítica de selección, comparación y validación ejercida por el historiador. Esta transformación aparece igualmente en el modo en que Voltaire describe la Francia anterior a Luis XIV: “En fin, en las costumbres, las leyes, las artes, la sociedad, la religión, la paz y la guerra no se veía nada de lo que más tarde se vio en el siglo llamado el siglo de Luis XIV.”11 La enumeración transforma el pasado inmediato en un espacio de insuficiencia histórica. El siglo de Luis XIV se perfila como momento de perfeccionamiento civilizatorio frente a una Francia todavía incompleta. El pasado deja parcialmente de funcionar como autoridad normativa y comienza a operar como contraste histórico. Esto no

significa que Voltaire rechace por completo la experiencia heredada, más bien, que modifica las condiciones mediante las cuales dicha experiencia adquiere legitimidad y valor ejemplar. El conflicto entre la coexistencia de ambas formas de autoridad histórica se vuelve todavía más visible cuando el texto continúa utilizando estructuras claramente magistrales. A pesar de la reorganización crítica del pasado, Voltaire sigue formulando regularidades históricas y enseñanzas transferibles sobre el comportamiento político y humano. Casi al final de la narración de las guerras afirma: “Las esperanzas y la prudencia humanas fueron defraudadas en esta guerra, como lo son siempre.”12 Curiosamente, en esta frase transforma un acontecimiento particular en regularidad antropológica, una certeza. Incluso dentro de una escritura ilustrada que reorganiza la autoridad histórica, Voltaire con la formula “como lo son siempre”, sigue suponiendo que ciertas estructuras de la acción humana permanecen inmutables a través del tiempo. Algo similar se presenta cuando comenta la política exterior francesa: “Es cosa muy notable que Francia, en todos sus tratados con los emperadores, haya protegido siempre los derechos de los príncipes.” 13 El “siempre” convierte la experiencia diplomática en continuidad histórica transferible. El pasado continúa enseñando porque todavía existen estructuras repetibles dentro de la acción política. Lo importante aquí es que Voltaire no abandona la posibilidad de extraer enseñanzas generales de la experiencia histórica; solo lo que cambia es el modo en que dichas enseñanzas son legitimadas. Otro pasaje revelador de esto es cuando dice: “Doce años de guerra acababan de demostrar lo poco que obligan a los hombres semejantes actos.” 14 Aquí la experiencia histórica funciona explícitamente como

demostración. El acontecimiento produce conocimiento generalizable sobre las conductas humanas y políticas, es decir, no se limita a ser una simplona narración. Me remito a estas citas porque muestran que las formulas del a estructura magistral no desaparecen. Voltaire continúa creyendo que la historia puede producir experiencia útil y conocimiento aplicable más allá del acontecimiento singular. La transformación ocurre en otro nivel: la experiencia histórica ya no posee legitimidad inmediata ni puede transmitirse sin mediación crítica. El historiador ilustrado ya no actúa únicamente como transmisor de memoria, su función es la de validar racionalmente la experiencia histórica. Por lo tanto, el problema central del texto es la transformación de las condiciones de autoridad histórica. El mismo texto que cuestiona testimonios y relativiza memorias heredadas continúa dependiendo de regularidades históricas relativamente estables. Más que destruir la tradición magistral, Voltaire parece ser la punta de lanza de su reorganización. Lo mas decisivo para comprender esta transformación es la función de la posteridad. Desde las primeras paginas Voltaire escribe para un futuro encargado de juzgar históricamente el presente. La posteridad aparece simultáneamente como destinataria del relato y como horizonte de validación histórica. Esta orientación ya aparece en la declaración inicial de Voltaire, cuando afirma que busca “pintar para la posteridad” el espíritu de los hombres de ese siglo. 15 De esta manera, la escritura histórica hace una proyección hacia adelante en el tiempo donde se deberá reconocer, juzgar y conservar aquello que el presente ilustrado considera digno de memoria.

Koselleck identificó una creciente separación entre el espacio de experiencia y el horizonte de expectativa. En Voltaire esa separación no es absoluta, pero se insinúa, comienza a perfilarse. Hemos dejado claro que el presente ilustrado ya no depende únicamente de la autoridad antigua y también, se piensa a sí mismo como experiencia digna de convertirse en referencia para el futuro. La reorganización temporal del texto consiste, entonces, en modificar la relación entre pasado y futuro. La experiencia heredada continúa operando, aunque ya no como autoridad incuestionable; mientras que el presente ilustrado se reserva el derecho de evaluar, corregir y jerarquizar el pasado antes de transmitirlo a la posteridad. Voltaire no formula una filosofía del progreso sistemática. Continúa buscando ejemplos históricos, manteniendo regularidades antropológicas y recurriendo constantemente a la experiencia pasada; de forma que el horizonte de expectativa todavía no se emancipa completamente del espacio de experiencia. No hay un régimen de historicidad instaurado con coherencia perfecta como tal, pero se revela la inestabilidad propia de un momento de reorganización de la autoridad histórica y la temporalidad. Como conclusión, quiero decir que El siglo de Luis XIV ocupa una posición singular dentro de la historiografía ilustrada porque permite observar simultáneamente la persistencia y la transformación de la historia magistra vitae. Voltaire continúa formulando enseñanzas históricas transferibles, generalizaciones políticas y regularidades antropológicas. La experiencia histórica conserva capacidad ejemplar y sigue funcionando como fuente de conocimiento. Aunque la legitimidad de esa experiencia ya no depende automáticamente del pasado ni de la autoridad de sus testigos, el presente ilustrado aparece como instancia crítica encargada de verificar memorias, seleccionar ejemplos y organizar la transmisión histórica hacia la posteridad. La experiencia heredada debe atravesar un proceso de validación racional

antes de adquirir autoridad universal. La obra no representa una ruptura definitiva entre un régimen temporal antiguo y uno moderno. Su importancia historiográfica reside precisamente en la coexistencia conflictiva entre ambos. Operan en un delicado equilibrio: mientras la autoridad del pasado persiste, ya no puede sostenerse sin mediación crítica; el presente juzga y universaliza, pero continúa buscando en la experiencia histórica enseñanzas transferibles. Más que anunciar simplemente una nueva temporalidad histórica, la obra de Voltaire revela la dificultad misma de estabilizarla mientras distintas formas de relación con el tiempo continúan coexistiendo dentro de una misma escritura histórica.

Bibliografía

  • Hartog, François, Regímenes de historicidad, trad. de Norma Durán, México, Universidad Iberoamericana, 2007.
  • Koselleck, Reinhart, Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos, trad. de Norberto Smilg, Barcelona, Paidós, 1993.
  • Voltaire, El siglo de Luis XIV, trad. de Nélida Orfila Reynal, México, Fondo de Cultura Económica, 1954.
  • Voltaire, Siècle de Louis XIV, edición de Charles Louandre, Paris, Charpentier et Cie., 1874. Consultado en Internet Archive: https://archive.org/details/sicledelouisxiv00voltgoog/page/n12/mode/2up