La invención de América es la obra magna de Edmundo O’Gorman y es un hito en la historiografía latinoamericana que desafió y corrigió a las nociones tradicionales positivistas sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo. Fue publicada por primera vez en 1958 como investigación independiente, pero en su edición de 1972. En la obra redefine el proceso ontológico histórico desde 1492 en adelante en la construcción de un concepto geográfico y moral que es “América” y su “descubrimiento.” O’Gorman argumenta que América no fue como descubierta por accidente, sino que fue inventada por el pensamiento occidental proponiendo que la identidad y el significado de América surgieron de un constructo intelectual europeo y debe pensarse como más que de un simple hallazgo geográfico. El “Nuevo Mundo” no existe, lo que surgió a partir de 1492 fue un nuevo ente al que le denomina Euro-América que se desarrolló y puso en crisis las ideas y concepciones de su horizonte cultural, para los europeos las cadenas mentales que los mantenían como siervos se rompieron por una idea de amo y dominador de la naturaleza acorde al pensamiento moderno.
Este estudio introductorio pretende explorar las ideas centrales del libro de Edmundo O ‘Gorman, contextualizar su pensamiento dentro del marco filosófico del historicismo y el existencialismo y analizar los aspectos más importantes del texto. Al situar a América como un producto de la imaginación y la conceptualización europeas, O ‘Gorman nos invita a reconsiderar las narrativas tradicionales y a reflexionar sobre cómo la historia se construye y se interpreta. Biografía:
Edmundo O’Gorman O’Gorman nació el 24 de noviembre de 1906 en la colonia de Coyoacán en la Ciudad de México y fue descendiente de una familia irlandesa prominente que había emigrado en el siglo XIX. Durante su temprana infancia se trasladó a Guanajuato y años después regresó a San Ángel por el resto de sus días. Fue hermano del ilustre pintor y muralista Juan O’Gorman. Edmundo se formó inicialmente como abogado, graduándose de la Escuela Libre de Derecho y ejerciendo la profesión hasta 1937. Su enfoque histórico se nutrió de la filosofía de José Ortega y Gasset, José Gaos y Martin Heidegger, además de las influencias del idealismo alemán y de pensadores como Gian Battista Vico. O’Gorman defendía que la práctica histórica debía incluir una reflexión filosófica sobre sus propios fundamentos reconociendo que la interpretación de los hechos es intrínsecamente un proceso histórico. Su filosofía histórica se basaba en una historia “ontológica”, es decir, donde la historia describe cómo el pasado ha acontecido considerado como una forma de vida, la historia era el "conocimiento del ser del hombre" en constante cambio y consciente de que la existencia del humano misma es histórica y existe una razón vital/histórica enraizada en la vida, no en la naturaleza. Rechazaba la imparcialidad y la objetividad proponiendo que el historiador debe involucrarse totalmente con el pasado.
En la década de 1940, O’Gorman se integró en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) evitando la política y la administración académica del Colegio de México, se destacó como un organizador intelectual y un provocateur que disfrutaba del debate y la polémica con colegas nacionales e internacionales. Entre 1942 y 1958, publicó obras fundamentales que desafiaron las nociones tradicionales y abrieron nuevas perspectivas en la teoría histórica mexicana. Sus primeros trabajos importantes, como Fundamentos de la historia de América (1942) y Crisis y porvenir de la ciencia histórica (1947), establecieron las bases de su pensamiento crítico y teórico. Su obra culminante, La invención de América (1958), introdujo una reinterpretación radical del "descubrimiento" de América argumentando que este evento fue una "invención" del pensamiento occidental. La postura de O’Gorman puso en crisis la historia tradicional positivista y el cientificismo proponiendo una historia más consciente de su condición como expresión humana y más rigurosa en su interpretación a lo largo de su trabajo desafía a los historiadores que lo consideraban un filósofo en lugar de un historiador respondiendo con detallados estudios históricos y ediciones anotadas de clásicos de la historia como Tolomeo, San Agustín, por ejemplo en el libro hay mapas de 250 notas al pie y decenas de autores similares.
Fue miembro honorario de varias instituciones académicas, profesor emérito de la UNAM y recibió múltiples distinciones por su contribución a la historiografía y la filosofía de la historia. O’Gorman falleció el 28 de septiembre de 1995. Estructura:
El libro comienza con la advertencia donde explica que el texto de esta segunda edición en español es una versión corregida y ampliada del original que él mismo tradujo al inglés. Esta versión inglesa fue publicada por primera vez en 1961 por la Indiana University Press y reeditada en 1972 por la Greenwood Press. Comenta que en el prólogo (que es el mismo de la primera edición) detalla la génesis del libro y las amplias adiciones que hizo respecto a la primera edición en español publicada por el Fondo de Cultura Económica en 1958. O’Gorman no añade nuevos comentarios en esta advertencia salvo expresar su satisfacción por poder ofrecer al lector de habla hispana esta versión renovada de su obra que considera la más digna de ser expuesta nuevamente al escrutinio público. Tras la advertencia podemos observar que el libro está dividido en cuatro partes, un prólogo y un aparato critico donde están las notas al pie y el índice.
El prólogo es una de las partes más importantes del texto porque detallan los presupuestos teóricos que va a emplear en toda la obra y la filosofía de la historia desde donde escribe, se puede dividir en dos partes. La primera tiene como intención explicar de donde nació el interés del autor por la idea del descubrimiento de América. Desde 1940 cuando se le encargó la reedición de la obra histórica Historia natural y moral de las Indias del padre José de Acosta en donde encontró que la aparición de América en la Cultura Occidental no tenía una explicación satisfactoria para la hipótesis de un “descubrimiento.” A partir de este momento comenta el marco teórico que había desarrollado a lo largo de las décadas y donde creó conceptos e hizo investigaciones correspondientes a el viaje de Colón a América. Notablemente definió “la necesidad de considerar la historia dentro de una perspectiva ontológica, es decir, cómo un proceso productor de entidades históricas y no ya, según es habitual, como un proceso que da por supuesto, como algo previo, al ser de dichas entidades.” El autor plantea que es esencial romper con los moldes tradicionales del positivismo, que aceptan a priori el sentido de los acontecimientos históricos, y en su lugar, adoptar el concepto de "invención" para comprender la historia. Argumenta que la aparición de América debe considerarse una invención del pensamiento occidental y no simplemente una casualidad.
En la primera edición de su obra en 1951 demostró que la idea del "descubrimiento" es, en última instancia, un absurdo lógico. Con esta base, escribió el libro actual con la colaboración de la Universidad de Indiana y la Patten Foundation, les dedica unas cuantas palabras de agradecimiento. La nueva edición incluye una primera parte que resume y critica la idea del descubrimiento de América y una cuarta parte especulativa sobre el significado de las dos Américas en la historia universal. La segunda parte aclara y critica el positivismo, enfatizando que su obra, aunque científica, no se basa en providencialismo religioso ni en teología idealista. O'Gorman compara el devenir histórico con un proceso biológico que realiza las finalidades de la vida, esperando que su obra se vea como una investigación sobre la fisiología de la historia. Propone que la historia no es mera contingencia, sino una construcción constante en su "ser espiritual", una modalidad de la vida. Su trabajo examina cómo en un contexto determinado puede surgir un ente histórico inesperado, que, al desarrollarse, corroe la vieja estructura histórica y permite la creación de una nueva y dinámica visión del mundo.
La primera parte está titulada Historia y crítica de la idea del descubrimiento de América, está dividido en XI subtítulos en el que cada uno representa la etapa del desarrollo de la creación del descubrimiento de América. Es uno de los apartados más largos y detallados del libro porque es la base sobre la que O’Gorman va a trabajar, la fisionomía del relato; no es posible la invención de América en otros niveles (geográfico y moral) sin revisar por partes donde se originó primariamente la idea misma. La primera división habla en términos generales acerca de un estado de la cuestión sobre la idea misma desde el primer momento que se mencionó en la historiografía del Nuevo Mundo y también es un análisis de que tan satisfactorias son las respuestas que se han dado a ¿De dónde surgió la idea de América en la cultura Occidental? El capítulo como tal inicia con una frase irónica que dice: “¡Hasta que, por fin, vino alguien a descubrirme!” El autor es América y lo escribió en su diario íntimo el 12 de octubre de 1492. O’Gorman se pitorrea desde el principio de su obra de la respuesta tradicional de la historiografía ante su pregunta de investigación. En este sentido, a lo largo de toda la primera parte opera el término de “absurdo” y esta primera frase es el epitome de lo que refiere.
Para responder al problema de la aparición de América en el seno de la Cultura Occidental primero debe desafiar uno de los dogmas principales de la historiografía en su época: Colón llegó el 12 de octubre de 1492 a una pequeña isla que el creyó era un archipiélago cerca de Japón y descubrió América. Para O’Gorman los historiadores que afirman que América fue descubierta “no describen un hecho de suyo evidente, si no que nos ofrece la manera en que, según ellos, debe entenderse un hecho evidentemente muy distinto.” Es decir que cuando se dice que Colón descubrió América “no se trata de un hecho, sino meramente la interpretación de un hecho.” De esta manera se puede cuestionar si pensar el descubrimiento de América es una manera adecuada y lógica de entender los acontecimientos. O’Gorman se asume como un hombre de ciencia que revisa una hipótesis que si no es satisfactoria tendrá que ser desechada y mejorada en pro del progreso del conocimiento, de esta manera se explica como procede a lo largo del capítulo: establece las tesis de los autores que han tratado el tema, las cuestiona y las compara con otras obras para seguir un hilo narrativo acerca de la invención. Al establecer como una interpretación el descubrimiento de América, O’Gorman puede preguntarse de donde se originó la idea misma, no puede ser de Colón porque no conocía que estaba en otro continente, por lo que es una idea a priori acerca de los hechos, se le otorgó un sentido. Lo fundamental es reconstruir la historia de la idea.
En este apartado se puede entender a que se refería con una fisionomía de la historia, en esta instancia la palabra historia es relato y conocimiento.
A partir del subtitulo II se desarrolla el análisis de la narrativa del descubrimiento de América y es necesario encontrar cual fue el primer momento que se menciona la idea de América como “descubierta” por Colón. Para esto se remonta al testigo más directo de los hechos: Bartolomé de las Casas es en donde inicia la positivación de lo que se dice de la inexistente América. En su obra Historia de las Indias I, menciona la existencia de un supuesto piloto anónimo que le avisó a Colón de la existencia de un Nuevo Mundo más allá del mar y lo motivó a emprender la travesía interoceánica y descubrir tierras desconocidas. Desde este autor O’Gorman detecta una constante que se repetirá a lo largo de todos los autores que establecieron el dogma: la mentira y el engaño en cuanto a las reales intenciones de Colón para realizar el viaje: llegar a la India. Esta tesis es fácilmente objetada porque es falsa y porque la leyenda fue creada para desprestigiar y atacar los privilegios otorgados a Colón. De todas maneras, la leyenda se aceptó como verdad rápidamente y además se inició el proceso que el autor llama: “la ocultación del objetivo asiático de la empresa.” La creación del mito no impidió que el título de descubridor recayera en Colón y no sobre el piloto anónimo. 30 años después de la aparición de la leyenda del piloto anónimo aparece una alusión al tema en Sumario de la natural historia de las Indias de Gonzales Fernández de Oviedo en el que se comenta que el descubrimiento por parte de Colón en 1492 es notorio.
Para este momento la opinión es común y Oviedo solo repite. O’Gorman nos demuestra una capacidad para de lo particular sacer una conclusión general sobre lo común en la época. Esta afirmación que Colón descubrió América debe de estar basada en el italiano sabía de la existencia de lo que reveló, esto no pasó, pero se repitió el mismo relato y la leyenda se utilizó para ocultar las intenciones reales del viaje. La cuestión fue abordada por tres autores: el propio Oviedo, que indica que Colón si sabía lo que estaba descubriendo por medio de la lectura de obras antiguas; por Gómara en Historia General de las Indias, que confirma la leyenda del piloto anónimo y convierte a Colón en un segundo descubridor; como vemos, ambas tesis carecen de una respuesta satisfactoria, quien logró conciliar ambas fue Fernando Colón en Vida del almirante donde negó rotundamente que alguien supiera de la existencia del Nuevo Mundo antes (ni libros, ni pilotos anónimos, nadie), en cambio se le ocurrió su padre “deducida de sus amplios conocimientos científicos, de su erudición y sus observaciones.” El viaje entonces es una comprobación de una hipótesis y cuando descubrió nuevas tierras le puso las “Indias” para apelar a la codicia de los reyes y por sus cercanía a la India. O’Gorman nos dice que esto es una completa mentira, que se oculta deliberadamente las intenciones originales y por mucho tiempo no saldrán a flote o importaran poco.
De esta manera Fernando rompe la narrativa tradicional de la leyenda y da el primer paso del proceso a una segunda etapa del desarrollo que entraría en crisis cuando las cartas y diarios de Colón salieron a la luz.
Bartolomé de las Casas sostiene que, aunque Colón tuvo una hipótesis científica, fue principalmente un designio divino el que guio su viaje. O'Gorman encuentra en esto suficiente para cuestionar la idea de Colón como descubridor, pero la interpretación de de las Casas se consolidó como evidencia. Al analizar obras posteriores O'Gorman muestra cómo autores como Herrera, Beaumont y Robertson intentaron reconciliar las tesis de de las Casas y Fernando, aunque sin éxito. La tesis de Fernando empezó a debilitarse cuando Martínez de Navarrete publicó documentos clave que revelaban las verdaderas intenciones de Colón. Sin embargo, todavía se consideraba a Colón como descubridor. Irving criticó la tesis de Fernando, pero Humboldt, con su visión progresista y teleológica de la historia, justificó que Colón, a pesar de sus intenciones, había "descubierto" América porque avanzó el progreso científico y el designio de la Historia. Finalmente, la llegada del positivismo científico, aunque buscaba narrativas empíricamente comprobables siguió sosteniendo la idea del descubrimiento de Colón. O'Gorman, en contra de esta visión, destaca la necesidad de abandonar la idea de Colón como descubridor señalando que sus verdaderas intenciones eran llegar a Asia no descubrir un nuevo continente, como se admite en la obra Admiral of the Ocean Sea de Morison.
O’Gorman considera que llega al absurdo máximo cuando dice que Colón “descubrió a América enteramente por accidente, por casualidad.” Edmundo lleva hasta las últimas consecuencias la lógica que los autores que analiza presentan y es de esta manera que procede para decidir si una interpretación es verídica o no.
A lo largo de la primera parte O’Gorman hace una reconstrucción histórica de la interpretación de Cristóbal Colón como descubridor de América, es cierto que arribó a las costas de una tierra desconocida en 1492, pero al acontecimiento se le otorgó un sentido silenciando las intenciones originales de Colón. El deseo de interpretar la realidad con conceptos preestablecidos tiene un límite lógico, el absurdo; como los ángeles los espíritus de ultratumba, o la Naturaleza y la Historia Universal, entre otras doctrinas filosóficas. En este sentido O’Gorman hace una crítica mordaz al pensamiento mágica que pregona en el pensamiento de su época. Y es lo que le permite identificar las tres etapas procedurales de la invención del descubrimiento de América de Colón: 1) Colón mostró que la nueva tierra era otro continente ya que esta fue la intención de su viaje, empíricamente era falso; 2) Colón no sabía de la existencia ni quería llegar a América, pero cumplió el objetivo de la Historia; 3) Colón la descubrió por casualidad, esto solo tiene sentido si aceptamos que Colón fue el instrumento de un designio supremo.
Para O’Gorman es absurdo atribuirle un logro a alguien que nunca lo buscó ni lo supo, el idealismo ha alcanzado su tope lógico y el hombre “es el esclavo de no se sabe qué proceso mecánico de los entes materiales inanimados.” El autor sostiene que la idea del "descubrimiento de América" es un proceso interpretativo sin sustento lógico, y aborda tres cuestiones clave: la posibilidad de la interpretación, la omisión de la evidencia empírica de Colón y la persistencia de la noción de que América esperaba ser descubierta. Estos puntos revelan que el error no proviene de una deficiencia de los historiadores o una conspiración, sino de un antiguo supuesto filosófico: el sustancialismo, que afirma que las cosas tienen una esencia fija independiente de nuestra percepción. Sin embargo, la revolución científica y filosófica moderna ha demostrado que el ser de las cosas es una significación atribuida en el contexto de una época. O'Gorman usa la ejemplificación con el Sol y la Luna cuyo significado ha cambiado a lo largo del tiempo para adecuarse a distintas visiones del mundo. Aplicando esta lógica a América argumenta que su ser como "continente americano" surgió con la atribución de un nuevo significado y tuvo una construcción paulatina basada en la mentira. Así, el "descubrimiento" de América por Colón no revela un ser preexistente, pero que asigna un nuevo significado a un territorio.
O'Gorman concluye que esta noción es inadecuada y absurda, y que debemos desecharla para entender América como un proceso histórico dinámico, no como un ente fijo. Al abandonar la idea de América como inmutable y comprender su ser cambiante la historia de América se convierte en un relato vivo y continuo como su historia ontológica. O'Gorman propone una visión dinámica de la historia americana sugiriendo que debemos investigar sin ideas preconcebidas y partir de las acciones de Colón para entender cómo se llegó a otorgarle ese ser a América.
La segunda parte del texto está titulada "El Horizonte Cultural" y como indica explora las nociones morales y filosóficas prevalentes en la época de Colón, esta parte dividida en cinco subtítulos. Primero, se presenta una crítica a la tesis tradicional del descubrimiento de América argumentando que el significado de las cosas depende del contexto cultural y temporal. Con ejemplos como las distintas percepciones del Sol y la Luna O’Gorman ilustra esta idea mostrando cómo la imagen del continente americano se construyó a partir de 1492. En el segundo subtítulo, se describe la visión del universo como una creación divina con un sistema geocéntrico que divide el cosmos en una zona celeste perfecta y una sublunar corruptible, tiene un creador que la ha hecho así. El tercer subtítulo aborda las teorías sobre la Tierra, destacando debates sobre su circunferencia y la existencia de tierras antípodas, es una recapitulación de los conceptos influenciados por la doctrina cristiana y griega. En el cuarto subtítulo se explora el dilema de los navegantes del siglo XV sobre las rutas hacia las Indias Orientales ya que tener una ruta empieza a Asia ser más importante que nunca, procede examinando las distintas hipótesis geográficas que influenciaron las decisiones. Finalmente, en el quinto subtítulo se profundiza en los conceptos de mundo, universo y globo terráqueo, destacando cómo la percepción del mundo estaba influenciada por la teología cristiana y las nuevas perspectivas que surgían a finales del siglo XV.
O’Gorman sugiere que la comprensión del mundo está estrechamente ligada a la percepción del hombre sobre sí mismo y su capacidad para influir en su entorno. Lo más importante del capítulo es que “mientras el hombre se conciba como algo ya hecho para siempre de acuerdo con un modelo previo e inalterable, tendrá que imaginar que su mundo tiene la misma inconmovible estructura o índole.” Es decir, la idea de un "Nuevo Mundo", como se presenta en el descubrimiento de América, refleja un cambio en la concepción del mundo hacia una visión más dinámica y emancipadora del género humano como consecuencia de una nueva concepción de la realidad.
La tercera parte del texto titulada "El proceso de la invención de América" analiza cómo América fue conceptualizada y entendida tras los viajes de Colón. O’Gorman explora desde el regreso de Colón a España, convencido de haber llegado a Asia; hasta los viajes de Américo Vespucio, quienes ayudaron a resolver el enigma de las tierras descubiertas e inventar un concepto individual para ellos. Colón y sus contemporáneos no tenían noción de América porque su objetivo era Asia y sus descubrimientos fueron interpretados desde una perspectiva eurocéntrica lo que implica que sus viajes no pueden considerarse retroactivamente como "viajes a América". O’Gorman subraya que América, como entidad geográfica, no existía en el conocimiento del mundo antes de 1492 y que cualquier interpretación de estos eventos debe reconocer el vacío conceptual que existía previamente. Colón propuso cruzar el Atlántico hacia el oeste para llegar a Asia basado en la creencia en la esfericidad de la Tierra y en busca de del extremo contrario de la Isla de la Tierra donde habitan los humanos, y una subestimación de su tamaño. Aunque su plan fue inicialmente rechazado, la rivalidad entre España y Portugal llevó a los Reyes Católicos a patrocinar su empresa y en el viaje de 1492 resultó en el descubrimiento de un nuevo continente que Colón erróneamente interpretó como las costas orientales de Asia y a pesar de la falta de evidencia empírica Colón mantuvo esta creencia durante sus exploraciones iniciales.
La respuesta en Europa fue variada: la Corona española aseguró derechos sobre las nuevas tierras y la bula "Inter Caetera" de 1493 las definió de manera ambigua, sin especificar si eran asiáticas, pero suyas. O’Gorman analiza también la recepción científica de los descubrimientos de Colón usando la obra de Pedro Mártir de Anglería, humanista de la época quien mostró escepticismo y evitó identificar las tierras descubiertas como asiáticas, en cambio refiriéndose a ellas como "los antípodas occidentales". Aunque reconoció la importancia de la exploración rechazó la creencia de Colón de haber llegado a Asia debido a la insuficiente distancia recorrida. Introdujo el término "novus orbis" para describir las tierras descubiertas, una fórmula ambigua que satisfizo tanto la duda científica como el sentido de descubrimiento. La aceptación de la creencia de Colón fue cautelosa porque no fue rechazada completamente, pero se consideró una hipótesis que debía ser probada empíricamente. Colón, convencido de su éxito, se preparó para nuevas expediciones con confianza, aunque debía satisfacer las demandas de pruebas tangibles. Finalmente, O’Gorman plantea que la verdadera importancia de la empresa de Colón radica en que representa el primer episodio de la liberación del hombre de su antigua concepción cósmica y su papel servil en el universo. Los hombres ya no estaban a merced de donde los había puesto Dios y en cambio les abrió la posibilidad de explorar, colonizar y saquear.
Lo escrito anteriormente fue la primera etapa en como O’Gorman entiende el primer viaje a América, la segunda etapa inicia en el segundo viaje de Colón el 25 de septiembre de 1493, pero política y comercialmente el viaje fue un desengaño: los indígenas no eran dóciles, el oro no aparecía y las incursiones punitivas desengañaron a Colón sobre la identidad de las islas. El descontento y el desprestigio crecieron en su contra y tenía que enmendar su honor. Decisivo fue el reconocimiento del litoral sur de "Tierra de Cuba" que Colón sospechaba ser parte de Asia y tras un largo recorrido costero Colón se convenció de haber llegado a la costa de Asia, pero faltaba más que su convicción personal para probarlo. Colón hizo que su tripulación jurara una táctica legal que buscaba validar su creencia bajo pena de muerte que la costa explorada no podía ser de una isla, claramente esto no convenció a los públicos europeos. Colón estaba en un aprieto muy grande por un lado estaba enfrentándose a la rebelión de los nativos y el hambre en la colonia, por el otro, la creciente hostilidad de la Corona española contra su hipótesis. Las esperanzas de oro y la vida idílica en la nueva colonia se desvanecieron y fueron reemplazadas por enfermedades, huracanes y conflictos con los indígenas: la imagen idílica de los pobladores nativos se transformó en una visión de barbarie y satanismo. De esta manera el escepticismo invadió la empresa y muchos consideraron que la aventura de Colón podría arruinar a España.
La necesidad de detener el daño se hizo evidente y Colón se encontró en una posición cada vez más precaria. Pero los reyes estaban muy implicados en la empresa para detenerse y el segundo viaje en 1493 que término en desastre era “un primer intento de aportar la prueba que se requería para demostrar que había logrado establecer la conexión entre Europa y Asia por el occidente; en un intento fracasado.”
Para 1496 Colón estaba de vuelta en España para resolver las dudas acerca del real tamaño del orbis terrarum y principalmente si era realmente Asia la tierra ignota al otro lado del mar. Ya la Corona española había mandado más expediciones para confirmar la existencia de una gran masa de tierra, es decir, la primera condición de veracidad impuesta a Colón estaba comprobada. Además, estaban habitadas por lo que necesariamente tenía que ser el extremo contrario de la Isla de la Tierra. Había aun algunas dudas de que era realmente Cuba, si una isla o parte de la masa continental; pero el ultimo la verdadera cuestión para asegurar que era Asia, residía en localizar el paso al Océano Indico en la línea ecuatorial. Para eso Colón preparó otro viaje en 1498 “pero todo se complicó enormemente, como veremos, por la inesperada aparición de una masa de Tierra austral que sembró el desconcierto.” En este momento de la obra O’Gorman inicia la tercera etapa de la invención de América como ente geográfico,
En su tercer viaje Cristóbal Colón partió de Sanlúcar de Barrameda el 30 de mayo de 1498 con la intención de navegar hacia el sur hasta las regiones ecuatoriales y luego dirigirse al oeste para encontrar nuevas tierras y establecer contacto con Asia. Al llegar a la isla que llamó La Trinidad, descubrió un golfo de agua dulce lo que indicaba la presencia de un continente en lugar de un grupo de islas. Colón se dio cuenta de que había encontrado una tierra firme de gran extensión, no un archipiélago cercano a Asia. A pesar de resistirse inicialmente aceptó que esta nueva tierra era parte de un continente desconocido y consideró la posibilidad de que esta tierra fuera el Paraíso Terrenal debido al golfo de agua dulce siguiendo antiguas creencias teológicas.
A su regreso Colón escribió a los reyes y a otros explicando su descubrimiento sugiriendo que había encontrado un "nuevo mundo" separado de Asia, aunque continuó explorando la idea del Paraíso finalmente reconoció que había descubierto un vasto territorio desconocido ampliando significativamente el conocimiento geográfico de la época y dotado de una independencia geográfica a las nuevas tierras encontradas debido a que Colón empezó a referirse a ellas como “el nuevo mundo.” Aunque este planteamiento implicaba desafíos teológicos y geográficos para Colón era crucial mantener su esquema geográfico previo que implicaba la existencia de un paso al Océano Índico al sur de Cuba, sino toda su argumentación se cae a pedazos, identifica O’Gorman: “lo verdaderamente interesante de la hipótesis de colón consiste en que, por primera vez, hoy el proceso se acercó a un desenlace crítico para la antigua manera de concebir el mundo.” Esto es muy importante a lo largo de la obra de O’Gorman porque se nota que en esta serie de crisis identifica un cambio significativo en la historia, los europeos de la nada se toparon con una desafío teórico y empírico para toda la creencia desarrollada durante toda la Edad Media y el cuidado marco cultural que habían creado se desquebrajaba y Colón era la punta de lanza en el proceso.
Tras el descubrimiento de la Tierra de Paria en 1499 se desató un renovado interés por explorar más a fondo estas regiones y comprobar o desmentir las hipótesis de Colón lo que resultó en una serie de viajes autorizados por la Corona española entre 1499 y 1502. Liderados por exploradores como Ojeda, Guerra, Niño, Pinzón, Lepe, Vélez de Mendoza y Bastidas, estos viajes revelaron la extensa costa atlántica septentrional de América del Sur, desde el Golfo de Darién hasta el extremo oriental de Brasil. Estas expediciones generaron incertidumbres sobre la continuidad de las costas y la posible conexión con tierras previamente conocidas en el hemisferio norte. A partir de los resultados de las expediciones surgieron debates sobre si estas tierras formaban parte de un "nuevo mundo" separado de Asia o si eran parte de una gran península asiática, como sugerían las ideas de Martín Behaim y Henrico Martellus: La primera sugería que la masa de tierra firme en el hemisferio norte es el extremo oriental de la Isla de la Tierra,mientras que la masa en el sur es un "nuevo mundo" separado, según esto el paso al Océano Índico estaría en la separación entre ambas masas de tierra firme respaldando la creencia de Colón de que Cuba era parte de Asia.
La segunda hipótesis planteaba que ambas masas de tierra firme son continuas y forman parte del litoral extremo oriental del mundo conocido como una gran península asiática distinta, por eso se especuló que al sur de esta única masa de tierra firme se encontraría el famoso paso al Océano Índico empleado por Marco Polo. El mapa manuscrito de Juan de la Cosa de 1500 ilustra este dilema porque muestra una costa continua desde los reconocimientos septentrionales hasta el extremo oriental de Brasil, sugiriendo que estas tierras podrían ser la penetración más meridional de Asia. Sin embargo, el cartógrafo interrumpe esta costa con una imagen de San Cristóbal en el sitio donde, según Colón, estaría el paso al Océano Índico insinuando otra posibilidad. Los viajes de Américo Vespucio y Cristóbal Colón entre 1501 y 1504 buscaron resolver estas incertidumbres. Vespucio, en un viaje portugués, tenía como objetivo alcanzar las regiones subecuatoriales que él consideraba litorales asiáticos. Por otro lado, Colón buscaba encontrar el paso al Océano Índico creyendo que estaría en la separación entre la Isla de la Tierra y el "nuevo mundo". Ambos esperaban completar la circunnavegación del globo y alcanzar las riquezas de la India. A través de estos viajes se revelaron nuevos detalles geográficos que cambiaron la perspectiva de los navegantes y abrieron paso a una nueva comprensión de las tierras descubiertas.
O’Gorman narra un proceso que refleja el dinamismo en la historia en el que tanto énfasis hace donde los conceptos tradicionales fueron cuestionados y redefinidos a medida que se acumulaban nuevos conocimientos y experiencias. El tema que O’Gorman ha seleccionado sirve como una metáfora de lo que el intenta hacer: separarse de la tradición histórica y reestructurar el mundo en el que está inmerso. Las expediciones lideradas por Américo Vespucio y Colón buscaban resolver el dilema sobre la naturaleza de las nuevas tierras y la validez de la visión tradicional cristiana del mundo. Ambas expediciones, aunque independientes, se presentan como un suceso único en la historia de Occidente. O'Gorman destaca que tanto Colón como Vespucio fueron colaboradores, no rivales como tradicionalmente se ha dicho, y que se les ha cometido una injusticia histórica al atribuirles logros que no realizaron. Mientras Colón partió hacia la isla Española en busca del paso al Índico, Vespucio navegó con la armada portuguesa hacia la costa de Brasil creyendo estar en el litoral asiático. Concluye el autor con que ambas expediciones fracasaron en su objetivo principal de encontrar el paso al Océano Índico, pero a pesar de ello revelaron importantes detalles geográficos que desafiaron las tesis de ambos exploradores. Después del cuarto y último viaje de Colón su perspectiva cambió significativamente debido a la información recopilada sobre la existencia de un istmo que separaba el Océano Índico del Atlántico.
Por otro lado, Vespucio concluyó que la tierra firme que había explorado no podía ser parte de Asia y debía ser una entidad geográfica separada. La obra de O'Gorman al final de la tercera parte sugiere que, aunque los objetivos iniciales de ambos navegantes no se cumplieron sus descubrimientos llevaron a una inversión en sus perspectivas. Colón comenzó a creer en la continuidad de los litorales asiáticos, mientras que Vespucio reconoció la existencia de un nuevo mundo separado. Esto marca un momento crucial en la historia donde abrieron nuevas posibilidades de interpretación sobre las tierras descubiertas en el océano y el dinamismo de intercambio de ideas e hipótesis en las crisis. Vespucio y Colón, a primera vista parecen tener ideas muy similares sobre la existencia de un nuevo mundo porque ambos describen una extensa tierra austral separada del orbis terrarum y la conciben como un nuevo mundo, sin embargo, la reflexión que hace O’Gorman revela una diferencia fundamental en los motivos que impulsaron a cada uno a formular estas hipótesis. Colón creyó haber encontrado una masa de tierra firme austral separada de la masa septentrional, no porque lo hubiera comprobado empíricamente, sino porque así lo requería su idea previa de que esta última era el extremo oriental asiático de la Isla de la Tierra.
En otras palabras, Colón imaginó la existencia de un nuevo mundo para validar su hipótesis anterior, en la última parte de la obra O’Gorman se deshace de narrar las aventuras de Colón y se centra en quien empezó a definir América. Vespucio, por su parte, aprovecha las ideas de Colón, pero se separó para desarrollar su propia teoría y es a la que O’Gorman le parece más interesante porque a partir de ella se desprendió, aun por nombrar, América de la Isla de la Tierra y el orden establecido por Dios, por consecuencia se tiene que crear un sentido individual para la nueva unidad geográfica. Esto en la obra se ve reflejado como el paso al siguiente proceso en el que la masa de tierra ya no es ni “el nuevo mundo”, ni parte del orbis terrarum por lo que es una novedad en el conocimiento clásico. América sería inventada cuando la imagen medieval pudiera dar “una explicación satisfactoria, concederle un sentido propio a esa entidad que ella estaba reclamando su reconocimiento y un ser específico que la individualice.” El proceso de inventar América alcanza un punto culminante con la aparición de dos documentos clave: la Cosmographiae Introductio y el mapamundi de Waldseemuller, ambos publicados en 1507. En la Cosmographiae Introductio se reconoce la existencia de una "cuarta parte" del mundo, llamada América (en femenino porque todos los continentes eran así), que se presenta como una isla independiente de Europa, Asia y África.
Por otro lado, el mapa de Waldseemuller muestra gráficamente estas ideas, representando a América como una sola entidad geográfica independientemente de la posible separación entre las masas septentrional y meridional. Este reconocimiento de América como una entidad separada y distinta del resto del mundo, junto con la atribución de un nombre propio, marca un punto culminante en el proceso de su invención. O’Gorman concluye que América surgió como resultado de un complejo proceso ideológico y conceptual en lugar de ser revelada como un descubrimiento repentino.
Hasta este punto llegó la investigación realizada por O’Gorman en 1951, pero en la revisión del libro le agregó la última parte. En la cuarta parte de su obra, Edmundo O'Gorman analiza cómo el descubrimiento de América provocó una revolución en la comprensión del mundo y de la humanidad. Inicia con la tesis de que América, aunque es una entidad geográficamente distinta forma parte integral del orbis terrarum lo cual requirió una reconfiguración de la visión global superando la antigua concepción tripartita del mundo que dividía al orbis en Europa, Asia y África. Esta nueva perspectiva se consolida con la Cosmographiae Introductio e introdujo la idea de América como la "cuarta parte" del mundo equiparándola a los otros continentes no solo en términos físicos sino también en una esencia compartida. O'Gorman explora cómo la inclusión del océano en el orbis terrarum eliminó la percepción de discontinuidad geográfica permitiendo ver los continentes como partes de un todo continuo. El autor también aborda la antigua jerarquía cultural y moral que ubicaba a Europa en la cúspide destacando la necesidad de incorporar a América en esta estructura de significados, de modo que la designación de América como "Nuevo Mundo" simboliza una ampliación imprevisible del mundo conocido convirtiéndola en un ser en potencia con una capacidad de realización histórica única.
O'Gorman examina la realización del ser americano desde dos caminos históricos: la América Latina, influenciada por las formas de vida europeas y la imitación cultural; y la América anglosajona, que adaptó las creencias europeas a las nuevas circunstancias valorando la libertad personal y el trabajo y creando una nueva entidad cultural conocida como Euro-América. Estos procesos históricos, tanto en América Latina como en la América anglosajona liberaron al hombre occidental de su insularidad y dependencia moral del eurocentrismo. Por ejemplo, en América Latina la imitación de las estructuras europeas generó una cultura criolla marcada por un sentimiento de inautenticidad; mientras que en la América anglosajona la originalidad y adaptación llevaron a una integración exitosa en el programa ecuménico de la Cultura de Occidente. Esta redefinición del orbis terrarum, que incorpora a América como una parte esencial y activa del mundo, no solo transformó la visión global del ser humano, sino que también abrió la posibilidad de una congregación universal bajo el ideal de la libertad.
En este ultima parte O’Gorman deja ver su inconformidad con el estado de su sociedad, es obvio que admira a la América anglosajona y considera inferior la suya porque “entre todos los proyectos de vida que se han imaginado y ensayado a lo largo de la historia universal, ese programa es el único con verdadera posibilidad de entregar a todos los pueblos de la Tierra bajo el signo de la libertad.” En este sentido y en pleno horizonte cultural de la guerra fría se declara en favor de la Cultura de Occidente (las mayúsculas son suyas y no se le olvidan nunca a lo largo del texto) aunque se corra el “riesgo de un holocausto atómico”, no se debe de huir de la suprema posibilidad histórica.
Edmundo O'Gorman a lo largo de toda su obra despliega una narrativa rica en recursos discursivos ofreciendo una argumentación agradable y fácil de leer. O'Gorman emplea una prosa sofisticada y persuasiva utilizando metáforas, analogías y comparaciones para ilustrar sus puntos. Por ejemplo, la idea de América como un "ser en potencia" es una metáfora hermosa que transmite la noción de un continente y una cultura en constante desarrollo y transformación desde que antes hubiera una idea para empezar. Su retórica es increíble ya que captura la atención del lector y nos guía a través de argumentos complejos con claridad y elocuencia. O'Gorman no se limita a describir eventos históricos, en cambio, busca interpretar y comprender las implicaciones más amplias y profundas del descubrimiento y la conceptualización de América.
Justamente por la habilidad retórica del autor su argumentación es meticulosa y rigurosa fundamentada en un análisis detallado de fuentes históricas y geográficas. Su método es dialéctico porque presenta tesis y antítesis antes de llegar a una síntesis que ofrece una nueva comprensión de los temas en cuestión, el ejemplo más claro de esto es la primera parte donde desarrolla las hipótesis de los autores inmediatos al “descubrimiento” y presenta las primeras interpretaciones del evento. Este enfoque es muy inteligente ya que le permite abordar las aparentes contradicciones en la conceptualización de América y resolverlas mediante una lógica sólida y coherente. Su método histórico también se caracteriza por ser profundamente lógico-analítico y reflexivo ya que está caracterizado por una interpretación crítica y una reevaluación constante de las narrativas establecidas. La genialidad de la obra responde a que O'Gorman no se conforma con las explicaciones tradicionales y por lo contrario cuestiona y reinterpreta las fuentes ofreciendo nuevas perspectivas sobre el descubrimiento y la conceptualización de América que tan necesariamente se necesitaba en un momento en que la interpretación tradicional era insostenible lógicamente: el absurdo. El autor utiliza el concepto del absurdo para destacar la incongruencia y la paradoja en la manera en que los europeos concibieron y comprendieron el continente americano tras su descubrimiento.
El absurdo, en este sentido, se refiere a la contradicción inherente en la percepción de América como una tierra nueva y desconocida mientras simultáneamente se intentaba encajarla dentro de las categorías y el conocimiento preexistentes del Viejo Mundo creando una situación en la que las nuevas tierras no podían ser adecuadamente explicadas o comprendidas mediante los marcos tradicionales. Este choque entre lo nuevo y lo viejo generó una especie de "absurdo" porque América debía ser reconocida y asimilada en un sistema de conocimiento que no estaba preparado para ella.
El autor usa el absurdo de varias maneras en el texto: 1) Desafía la geografía tradicional, muestra como los mapas y conceptos geográficos pre-descubrimiento eran insuficientes para integrar (pensar siquiera) a América llevando a una reevaluación y expansión del orbis terrarum; 2) Como paradoja de la invención ya que se argumenta en todo el libro que América no fue "descubierta" en el sentido que importa, sino "inventada", a pesar de ser un territorio físicamente existente su conceptualización como parte del mundo conocido fue un acto de creación cultural e intelectual por parte de los europeos, esta idea de invención es intrínsecamente absurda porque supone que algo ya existente necesitaba ser "creado" dentro de la conciencia y conocimiento europeos; 3) Es una contradicción histórica constante, los relatos de los conquistadores a menudo presentan descripciones de América que oscilan entre lo exótico y lo familiar, lo civilizado y lo salvaje, revelando la tensión y el dinamismo en la comprensión europea de estas nuevas tierras; 4) Es una metáfora para la crisis de identidad que provoca el Nuevo Mundo porque fue inventado como una extensión de la civilización europea (acorde a la concepción medieval: la más perfecta espiritualmente), entonces América era simultáneamente una entidad propia y una proyección de Europa.
El absurdo es una estrategia retórica que le permite cuestionar y deconstruir las narrativas históricas tradicionales proponiendo una visión más crítica y real de la relación entre Europa y América mientras desecha la historia positivista.
Para su época O’Gorman aborda la historia americana con un enfoque innovador basándose en una cuidadosa selección y análisis de tesis, autores y fuentes. Utiliza una amplia gama de autores para construir y sostener sus argumentos. Entre los autores, recurre a clásicos de la geografía y la cosmografía, como Hecateo y Ptolomeo, así como a figuras del acontecimiento como las cartas y diarios íntimos de Cristóbal Colón y Américo Vespucci en quienes recae la mayoría de su hilo argumentativo. A través de todos los autores que consulta O'Gorman ilustra cómo la percepción de América cambió y se integró en la concepción global del orbis terrarum. Innovador del texto de O’Gorman es que sus fuentes le permiten explorar las mentalidades y las actitudes de los europeos hacia el Nuevo Mundo. Por ejemplo, analiza la "Cosmographiae Introductio" para mostrar cómo América fue conceptualizada como la cuarta parte del mundo y en todo el tiempo se pregunta que podría haber pensado Colón de tal o cual acontecimiento. Su preocupación no se limita al acontecimiento sin más, sino también por cómo estos hechos fueron interpretados y representados en diferentes contextos culturales y temporales. Por consecuencia su método implica una lectura atenta y una interpretación cuidadosa a las palabras usadas en los documentos buscando siempre ir más allá de la superficie (como la tradición positivista) para descubrir las significaciones psicológicas.
De esta forma intenta mostrar una comprensión profunda de la mentalidad y las ideas de los europeos que participaron en el descubrimiento. Explora cómo el descubrimiento de América alteró no solo las ideas tradicionales de la geografía, pero también la psicología colectiva de la humanidad cambiando la percepción del mundo y del lugar del hombre en él. Su es muy interesante porque considera los miedos, esperanzas y aspiraciones que acompañaron la expansión hacia el Nuevo Mundo proporcionando una visión integral que abarca tanto los aspectos materiales como los espirituales de los procesos.
A lo largo del libro de O'Gorman la imagen de Colón es de un hombre convencido de sus ideales y fiel a sus creencias. La personalidad de Colón se presenta como un elemento clave en la construcción de su figura histórica ya que se le retrata como un individuo apasionado y tenaz, impulsado por una convicción inquebrantable en sus propias teorías y visiones a pesar de contar con las probabilidades en su contra. Su carácter se muestra como determinante en su capacidad para persuadir a los monarcas españoles y para liderar expediciones que desafiaban los límites del conocimiento geográfico de la época en busca de las pruebas que se le piden. Además, O'Gorman destaca cómo la persistencia y la obstinación de Colón en la defensa de sus ideas incluso frente a la adversidad y al escepticismo de otros, moldearon su legado y contribuyeron a su prominencia en la historia. Entre estos elementos destaca su tiranía al lidiar con sus esclavos, de esta manera O’Gorman presenta a un personaje con sus claros y obscuros. En conclusión, la personalidad de Colón, tal como la presenta O'Gorman, sirve como un hilo conductor que atraviesa su narrativa, ofreciendo una visión integral del personaje detrás del descubrimiento de América basándose incluso en los documentos dejados por las personas más cercanas a él, destacan a lo largo del texto su hijo Fernando, Hernando, su hermano, y su amigo íntimo, Miguel de Cuneo.
O´Gorman escoge a Colón porque notoriamente es el personaje clave de toda su tesis, pero también porque le permite representar un hombre de la época que estaba habituado a razonar con autoridades ante las dudas, por eso a nadie resultó extraño cuando su hijo afirmó que por medio de la razón y la ciencia se le había ocurrido la existencia de América.
La obra de Edmundo O'Gorman, La invención de América, representa un esfuerzo monumental por reconfigurar la comprensión de la historia del Nuevo Mundo y su descubrimiento en su época. A través de un análisis ingenioso O’Gorman nos guía a través de un laberinto conceptual que desafía las nociones tradicionales y positivistas de la historiografía. Su propuesta de entender el descubrimiento de América no como un hecho aislado o una mera casualidad, sino como una invención del pensamiento occidental nos invita a reconsiderar la manera en que interpretamos los eventos históricos y su significado, en este aspecto O’Gorman es muy hábil para invitar a la reflexión histórica y las entidades que dotan el mundo de sentido. La estructura de su argumentación, que abarca desde la crítica de las concepciones tradicionales hasta la exploración especulativa de las implicaciones culturales y morales de la incorporación de América al orbis terrarum, muestra un enfoque hermenéutico y retórico riguroso. O'Gorman emplea una variedad de fuentes históricas, geográficas y filosóficas para construir su tesis demostrando una capacidad excepcional para integrar diversos discursos en una narrativa coherente y persuasiva.
En conclusión, su obra nos desafía a pensar en la historia no como un simple registro de hechos, sino como un proceso dinámico de invención y reinterpretación que debemos cuestionar. Su enfoque ontológico y su rechazo del positivismo ofrecen una nueva perspectiva que enriqueció nuestra comprensión del pasado y abrió nuevas posibilidades para el estudio de la historia. O'Gorman nos deja con la reflexión de que la historia es una construcción constante y espiritual, donde cada ente histórico inesperado tiene el potencial de transformar nuestra visión del mundo y nuestra identidad cultural, solo basta un acontecimiento que ponga en crisis nuestra concepción de la realidad y nos libere de nuestras cadenas mentales, tal como le pasó a los medievales.
Bibliografía
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- Manrique, Jorge Alberto. 1995. “Edmundo O’Gorman, 1906-1995”. Anales Del Instituto De Investigaciones Estéticas 17 (67): pp. 195-200. https://doi.org/10.22201/iie.18703062e.1995.67.1750.
- O’Gorman, Edmundo. 1999. La invención de América. Investigación acerca de la estructura histórica del nuevo mundo y del sentido de su devenir. México: Fondo de Cultura Económica. 193.