La marea que venía del Bajío
A finales de octubre de 1810, Hidalgo había llevado a la insurgencia desde Dolores hasta las puertas del valle de México. Tras Guanajuato, Valladolid y Toluca, la ruta hacia la capital parecía abierta. Solo quedaba atravesar la Sierra de las Cruces. Allí se jugó algo más que una batalla: se jugó la posibilidad de que el primer gran levantamiento insurgente entrara triunfante a la Ciudad de México y alterara de raíz el curso de la guerra.