El grito que rompió el orden
La madrugada del 16 de septiembre de 1810 no fue una escena limpia ni ceremonial. Fue una decisión precipitada, tomada cuando la conspiración ya estaba descubierta y el tiempo se había agotado. Miguel Hidalgo llamó a levantarse en armas en Dolores y, con ello, convirtió un proyecto de élites conspiradoras en algo mucho más imprevisible: una movilización popular. Desde ese instante, la guerra dejó de ser una hipótesis y comenzó a caminar.