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Ante la vida y la muerte de Isabel I

La reacción pública ante la coronación y el funeral de la monarca inglesa.

Ensayo divulgativo sobre ceremonia, memoria política y construcción pública de la imagen de Isabel I de Inglaterra.

La reina ante el público

La opinión pública en torno a Isabel I puede observarse con especial claridad en dos momentos ceremoniales: la coronación, que presentó una promesa de gobierno, y el funeral, que fijó una memoria política del reinado. Ambos episodios permiten preguntar qué se esperaba de la monarca y cómo se transformó su imagen ante sus súbditos.

La coronación de Isabel I

Tras la muerte de su hermana María I de Inglaterra, Isabel ascendió al trono el 17 de noviembre de 1558. Era en Hatfield, al norte de Londres, donde se encontraba la nueva reina y donde recibió la noticia, pero no era ninguna sorpresa, desde finales de octubre nobles de todo tipo habían jurado su apoyo a ella con el beneplácito de la moribunda María. Mientras tanto, Nicholas Heath, Canciller de María I y arzobispo de York informaba al parlamento.

La reina partió al sur, cinco días más tarde, el miércoles veintitrés de noviembre llegó y se hospedó en lo que por unos breves seis días fue, en sus palabras en una carta dirigida a Fernando I del Sacro Imperio Romano Germánico, “el Palacio Real en Londres” por el simple hecho de contar con su presencia. Su estancia en la charterhouse no pasa desapercibida debido a dos puntos: 1) Su comitiva, acorde al diarista Henry Machyn era de millares de caballeros, gentiles, lores, etc. Por lo que podemos concluir que los estratos altos de la sociedad la apoyaban y lo hacían notar; y 2) se ganó el favor de la opinión pública de los comunes por sus modales, o, mejor dicho, su falta de decoro e informalidad, por ejemplo, entrar por la puerta trasera a su palacio real porque la calle estaba enlodada. La importancia de su estadía no es solamente propagandística, y es que en ese mismo lugar se realizaron consejos que definirían el reinado de la reina, Sir William Cecil se convirtió efectivamente en el hombre más poderoso de Inglaterra cuando fue designado secretario de Estado y el consejo y el consejo privado fueron reducidos a dos terceras partes de su número original, además acabó con la carreara de Nicholas Heath al que se le arrebató el título de arzobispo de York.

La forma en como se ganó a los habitantes en las afueras de Londres no se comparó a su entrada a la ciudad y en las semanas subsecuentes. Se ganó completamente a la ciudad, su majestuosidad, el porte y la suavidad de sus movimientos, estaba en todos lados hablando y sonriendo con los lores y comunes. Había un ambiente general de felicidad por la nueva reina, y con razón, ya que no era muy difícil discernir que políticas religiosas tomaría la reina. Su nacimiento y educación completamente protestante, sus consejeros lo mismo, por las acusaciones que se le hacían por la rebelión de Wyatt en 1554 y que mantuviera correspondencia sobre los asuntos del reino con Sir Nicholas Throckmorton, absuelto en los juicios de la misma rebelión; todo lo anterior era un claro indicador que la persecución religiosa contra el protestantismo de María I había finalizado.

Ahora en Londres, Isabel tenía algo muy importante en lo que centrar su atención, su coronación. Le preguntó al astrologo de la corte que leyera su horóscopo, John Dee, para que decidiera el mejor día para la fecha: sábado 15 de enero de 1559. Un tema mayor es que no había obispo para coronarla, estaban recientemente muertos o se negaban a coronarla. Owen Oglethorpe, obispo de Carlisle, accedió bajo el argumento que, de no tener un obispo, la reina se alejaría más a la herejía, pero la coronación se celebró con una biblia en ingles a insistencia de Isabel. El 15 se celebró su ceremonia de coronación, realizo el recorrido por rio hacia The Tower, una gran flota adornada de bellos escudos heráldicos y telas finas la precedía. Toda la corte estaba reunida en The Tower, nevaba levemente, pero a nadie parecía importarle. La reina vestida con su capa real de oro, joyas por todo su cuerpo y en su cien la corona correspondiente a una princesa era cargada por la ciudad en una litera; a su alrededor miles de soldados con sus hachas de batalla ceñidas. La ciudad era esplendorosa también, cubierta de bellos colores, alfombras y escudos heráldicos, se habían hecho preparaciones para que sonaran en momentos clave de la procesión melodías celestiales para resaltar el momento y las virtudes de la nueva monarca. Eventualmente llegaría a Westminster donde sería coronada con todos las regalías y simbolismos apropiados.

Aunque una reina en el trono no había funcionado muy bien la primera vez, se dejó pasar el fenómeno y la idea que las mujeres no eran aptas para gobernar por su naturaleza porque se esperaba que Isabel se casara y el marido ayudara a la gestión del reino, pero eso nunca pasó.

El funeral de Isabel I

Jueves, 24 de marzo de 1603. El ambiente en la habitación es de desasosiego, la reina Isabel I ha escalado la gran escalera y se ha reunido con el creador, todos están llorando o muy deprimidos para notar a Lady Scrope moviendo rápidamente sus manos y arrebatando el anillo de zafiro de la difunta y tirándolo por la ventana. Su hermano, Robert Carey está atento para recibirlo y salir cabalgando a Escocia donde el rey Jacobo de Escocia esperaba con ansias el artefacto que lo legitima como rey de Inglaterra mientras se le proclamaba en la mañana en Whitehall y Cheapside sin más que unos cuantos campesinos viendo como la gran era Isabelina llegaba a su fin, nada espectacular. Tres días después Carey llega y arrodillado ante su rey, le entrega el tan ansiado anillo de la reina Isabel.

El cadáver de la reina se mantuvo más de un mes Westminster Hall hasta que el rey Jacobo decidió realizar el funeral. Su cuerpo fue trasladado a Westminster Abbey en una procesión solemne en la que sus súbditos, sirvientes, cancilleres, comunes, gentiles, artesanos y campesinos; miles se unieron a la peregrinación del cuerpo de su difunta querida reina. Todo tipo de personas estaban atentas desde sus ventanas y el lado de el paso esperando ver a su reina por última vez. Cuando veían la procesión lloraban desconsoladamente, “nunca se había visto tal despliegue de lamento por la muerte de su soberano.” Su cuerpo fue enterrado al lado del de su hermana María, esperando por la resurrección.

No es de extrañar que le lloraran tan desconsoladamente tanto lores como campesinos a la difunta, y es que el reinado de Isabel I cambio por completo a Inglaterra con su capaz administración. Lord Burghley, su tan cercano consejero, dijo que fue la mujer mas sabía nunca, era una enterada de los intereses de los príncipes extranjeros y que nunca ningún consejero le dijo algo que no supiera ya. Muchos elogios, pero en consideración de las complicaciones bajo Jacobo I que pasó Inglaterra, algo de razón tenía sobre la reina que hábilmente gobernó por 45 años con estabilidad y un progreso y bienestar nunca visto en las islas británicas. En casi cinco décadas, Inglaterra pasó de ser una nación gravemente empobrecida y sin apenas relevancia en los asuntos europeos, a ser una potencia naval con gran influencia en Europa y rápidamente expandiéndose al nuevo mundo, con dificultades, claro. La lealtad de sus súbditos por ella era merecida, había calmado las aguas del conflicto religioso con un compromiso; la confianza en su reinado impulso la moral del pueblo ingles al reforzar su idea que eran un pueblo protegido por la Providencia, reflejado en su soberana que había vencido a la temible España. Pero al fin y al cabo era humana, murió dejando una gran deuda de 400,000 libras, Irlanda estaba sin conquistar completamente y las colonias en el Nuevo Mundo no estaban prosperando.

Hay que decir también que a Jacobo I le dejó un panorama difícil, no lidió nunca completamente con la cuestión religiosa, la creciente autoridad parlamentaria y claramente las finanzas reales. Bien se dice que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y eso fue exactamente lo que sucedió en Inglaterra unos años después del funeral de la reina. El cambio de administración a manos escocesas promovió un aire de nostalgia por Isabel, se celebraban sermones, se pintaba su retrato en las iglesias y se pensaba más en la coronación de la difunta que del próximo rey. Apenas unos años dentro del reinado de Jacobo y la unidad lograda por Isabel estaba destrozada, las tensiones entre el parlamento y la corona eran cada vez mayores y a la gente no le quedaba más remedio que recordar los bellos años con su reina.

Conclusión

Resulta claro que la figura de la reina Isabel I está repleta de propaganda, recuentos favorables con intenciones políticas y una nube rosa de una época idealizada durante un momento difícil para el reino de Inglaterra. Pero, también creo que entre tanta exageración y nostalgia la opinión de el campesino promedio de el reinado de Isabel habría pensado que era una soberana justa y que tenía como prioridad el bienestar y seguridad de su pueblo, debido a que ellos lo experimentaron, ya sea jóvenes que vivieron durante las tensiones religiosas por las políticas de María I, o lores que debían la prosperidad de sus tierras por la seguridad que despertaba Isabel. En una sola regencia no se podía reconocer a la antigua Inglaterra, durante su coronación es entendible que se celebre y tenga esperanza por lo que su magnificencia pudo intentar; pero que en su funeral se desplegaran tantos recursos y tanta gente se comprometiera a guardar un ultimo respeto a la monarca es revelador porque eso indica que la gente tenía una lealtad genuina por “la mujer más sabia nunca”.

Conviene definitivamente que la nostalgia durante el reinado de Jacobo I afectó como se recordaba era vivir durante Isabel I, pero el efecto es más sobre las condiciones de la vida y la cantidad de asistentes en ambos casos de la coronación y el funeral, más no del apoyo genuino y generalizado de la población en todos sus estratos sociales para con su reina. Lo que es claro es que su imagen hoy en día es una de grandeza y reconocimiento que despierta muchos intereses por los historiadores contemporáneos, es un personaje tan vasto que investigaciones históricas son publicadas todos los años.

Bibliografía

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