La campaña convertida en fuga
Después de Calderón, los principales jefes insurgentes buscaron en el norte algo que el centro ya no podía ofrecerles: tiempo, distancia y la posibilidad de recomenzar. Pero la retirada estaba cargada de derrota. Lo que quedaba del gran impulso de 1810 avanzaba ahora como columna perseguida, más cerca del exilio que de la ofensiva. En ese trayecto, la insurgencia perdió no solo posiciones, sino también la capacidad de decidir el ritmo de los acontecimientos.